El Bronx en casa.
Cuando llaman al timbre y no espero a nadie voy hasta la puerta descalza, flotando más que pisando, y me asomo por la mirilla con gran cuidado. Me hace sentir como una abuela loca en camisón de teleserie criminal americana. Me encanta. Imagino que me llamo Vieja Señora Elwood y que cocino cosas grasientas cada domingo para mi nieto camello, que viene a soltarme cuartos.
Luego, el vendedor o quien sea que esté tras la puerta se cansa y se va. Y yo siempre suspiro, porque tengo que volver a Málaga, a no tener 60 años y a vivir sin guión.